martes, 15 de abril de 2014

El avispero de la geoestrategia: los tres ejes de España

Dentro del mare magnum en el que se ha convertido la geoestrategia mundial, con unos Estados Unidos menos líderes que nunca, una feroz Rusia que no ha dudado en despedazar a una Ucrania rebelde y una Unión Europea incapaz de hacer al unísono nada más complicado que quejarse, España ha de buscar rápida y decididamente la forma de afianzar su posición para hacer valer sus intereses y no convertirse en peón de intereses ajenos, asumiendo gravísimas consecuencias a cambio de nada. 

La geoestrategia es la ciencia de la realidad, de nada nos sirve apellidar un imperio extinto para que nos respeten; tenemos (no solo el gobierno, sino toda la sociedad) que actuar con inteligencia y constancia y aprovechar cada oportunidad que se nos brinde. De nuestra habilidad y buena fortuna ahora dependerá el destino de nuestros hijos y nietos y cómo deban enfrentarse al futuro mundo multipolar que nos espera.
Ante nuestros ojos se abren tres vías de actuación en el exterior, las tres provienen de circunstancias y ámbitos completamente distintos, pero son compatibles entre sí, y lo ideal es no abandonar ninguna de ellas, aunque los resultados de una puedan ser más visibles e inmediatos que la de otra. Llamemos a estas tres vías pasado, presente y futuro. Veamos a qué me refiero:

El cordón Atlántico

El Imperio de la Monarquía Hispánica fue desmembrado y sustituído por diversos estados de corte liberal o marxista muy alejados de la que consideraron su madre patria. Es nuestro pasado. Sin embargo, Hispanoamérica sigue siendo una tierra con importantes vínculos con España, pues la huella que dejamos fue muy profunda: una cultura similar, mestiza entre lo indígena y lo hispano, un mismo idioma y una religión mayoritariamente única, que ha conformado una cultura propia y, en muchos aspectos, homolgable.

Más allá del rechazo que sienten por nosotros (fruto de la construcción nacional liberal), hemos de buscar políticas que lleven a una mayor presencia española en estas tierras. Desde grandes inversiones económicas hasta un programa de fortalecimiento de la cultura española en esas tierras, encabezada por los infrautilizados Institutos Cervantes. Políticas comunes para naciones e intereses muy parecidos pueden llegar desde la Cumbre Iberoamericana, que es el germen perfecto de un futuro tratado de alcance superior.

Las diferencias que podamos tener con México, Colombia o Nicaragua son ínfimas en comparación con las de países oficialmente aliados nuestros dentro de la UE, por lo que no son una  barrera determinante, y el Atlántico que nos separa no impidió a nuestros antepasados crear un cordón a través suyo y unir un Imperio gigantesco, ¡qué no podremos hacer nosotros, con barcos y aviones tan capaces!

Por supuesto, todos estos esfuerzos no pueden superar un nivel de injerencia tal que Estados Unidos considere violentada su área de influencia predilecta, el considerado "patio trasero de EEUU", Hispanoamérica (incluidas las Filipinas). Los Estados Unidos (y antes Inglaterra) fueron los principales artífices de la caída de la Monarquía Hispánica, y fundamentaron su propio Imperio sobre los restos del nuestro. Ellos tienen muy claro lo peligroso que puede ser un rebrote del sentimiento pro hispánico y todo lo que podrían perder. Por esta razón, España tiene que jugar con equilibrio y mesura, pero con constancia, invirtiendo "a fondo perdido", e ignorando las posibles pérdidas o daños que puedan surgir de las decisiones de los gobiernos hispanoamericanos, recordando que el pueblo por el que tanto dimos ya sigue ahí, y disuelto el liberalismo político, germen de su división y receta anestésica de EEUU para controlar todo el continente, Hispanoamérica buscará ser fuerte de nuevo, estar unida, y los fundamentos más sólidos para esa unidad pasan por España. Incluso partes de los propios Estados Unidos, como Florida o California, muy conscientes de su  herencia, pueden enfrentarse a la desintegración del imperio estadounidense solicitando la inclusión en los tratados y la alianza Hispanoamericana. El pasado de España bien puede significar la salvación de su futuro.

Buenos vecinos

Nuestro presente es la Unión Europea, en ella estamos y a ella pertenecemos, pues es un hecho la cesión de soberanía que ha tenido que hacer España para ser aceptada (lo cual no está tan claro en el caso de Alemania o Francia). Pero eso no significa que debamos renunciar a dirigir nuestras acciones o que debamos alejarnos de ella y renunciar a los beneficios de una acción en común. Para nada.

Nuestra labor dentro de la Unión, dada su configuración, ha de ser la de aglutinar las voluntades de los países que sufran los mismos problemas que nosotros, de forma que se pueda conseguir lo que el peso de cada uno por separado no lograría. Los candidatos más fiables serían Italia, Portugal y Grecia, por su parecido nivel económico y de desarrollo social, a los que podría unirse Irlanda y Polonia (por su afinidad cultural, pues ambos son países marcadamente católicos).

Este grupo, que debería estar coordinado para votar siempre en bloque en los asuntos que atañan a uno o varios de sus miembros, podría inclinar la balanza en las grandes decisiones, puesto que, tomando como referencia el número de europarlamentarios de cada país, sus 234 diputados estarían muy por encima de los 73 que pueden reunir los países escandinavos o los 106 de los eslavos y aledaños, y solo un consenso generalizado en contra o la unión de Alemania, Francia y Reino Unido (246 diputados) sería capaz de superarlo.

Más que una entelequia, este hipotético grupo responde a una realidad: la Europa más lenta, la que va a remolque de los países con más peso, y la protección de los intereses propios para impedir que Alemania, Francia y Reino Unido decidan impunemente sobre asuntos nacionales es acicate y pegamento suficiente para formarlo, más allá de los otros elementos comunes que podamos encontrar (con Irlanda o Polonia, los más alejados, compartimos la religión católica y una determinada forma de ver, por ejemplo, la legislación bioética).

Mención aparte merece Portugal, cuyo destino es el nuestro, pues bien se sabía hasta el siglo XVIII que Portugal era parte integrante de España (sigue siéndolo, aunque se nos haya olvidado). Debemos afianzar nuestros lazos con pactos de alianza defensiva, colaboración económica y demás de forma bilateral, sin depender de la UE ni ningún otro marco internacional, de forma que el mundo vea cada vez más al estado español y el portugues como uno solo, y se pueda culminar, llegado el caso, en la unidad completa de toda España.

Hacer las Áfricas

Nuestro futuro es África. La península ibérica siempre ha estado ligada al norte de África, especialmente la zona del norte de Marruecos (la provincia romana de Mauritania Tingitana), llegando a agruparse por separado con Hispania antes que con las provincias aficanas. Fruto de nuestra historia son las plazas de soberanía, recuerdos de una conquista que no llegó a ser, pero que estaba en las primeras líneas del manual de política de la Monarquía Hispánica.

Nuestro enemigo histórico más acérrimo es el Islam, y España un objetivo prioritario incluso a día de hoy, por lo que los brazos de España han de extenderse por todo el Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez y Libia), de forma que nuestra influencia cultural atempere su radicalismo, los lazos económicos con nosotros se conviertan en prioritarios y la tradicional dinámica diplomática de estos países se encuentre con un nuevo contrapeso y vea en España un aliado poderoso y potentísimo, de forma que estos países pasen a orbitar alrededor de nosotros. El inconmesurable bien que podemos llevarles solo es comparable con la seguridad que nos daría contar con semejante glacis defensivo, que pueda actuar de colchón frente a cualquier pretensión ajena sobre España desde el sur. Es un terreno muy pantanoso y peligroso, como demuestra nuestra aventura del protectorado, pero también es parte de nuestro ADN, el pisar tierras extrañas (y África lo es, mucho más que Canadá o Filipinas) y llevar a cabo proezas hercúleas, impropias de nuestra capacidad económica o demográfica.

La linea africana está por llegar, es la menos fundada de las tres, pero no por ello la menos acuciante. Nuestro principal rival en el Magreb es Francia, que ha llevado a cabo una política de vinculación económica con esa zona (especialmente con Marruecos) que la convierten en uno de los rivales más directos, tanto dentro como fuera de la Unión Europea. Pero Francia no es EEUU, y sí que podemos desafiarlos en pie de igualdad, especialmente si conseguimos formar un frente homogéneo en el parlamento europeo.

No nos olvidemos que España dejó de tener peso específico en el mundo cuando dejó de pensar por sí misma y permitió que otros dictasen su destino, y no lo volverá a tener hasta que volvamos a tomar las riendas de nuestro futuro, porque la economía, la política, la demografía y la geoestrategia no son más que herramientas: si nos falta el combustible de las ideas más importantes, de los valores y de una cosmovisión propia, no tendremos las fuerzas necesarias para llegar a donde nos merecemos.


Luis Ignacio Rodríguez
Fëanar

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